La democratización de la inteligencia artificial ya comenzó

Durante años, la inteligencia artificial se veía como algo futuro. Era el tema de las grandes conferencias tecnológicas, de los laboratorios de Silicon Valley y de las predicciones sobre cómo cambiaría nuestras vidas "algún día".

Mientras tanto, para buena parte de los colombianos, la IA parecía algo que les ocurría a otros: a las grandes empresas, a quienes podían pagar por los dispositivos más costosos, a quienes tenían el tiempo y el conocimiento para experimentar con ella.

Ese relato ya no describe la realidad. Hoy, la inteligencia artificial no llega primero a una sala de juntas, sino al bolsillo. Y en un país donde el celular es la herramienta principal para trabajar, estudiar, pagar, movilizarse y mantenerse en contacto con los demás, ese cambio tiene implicaciones enormes.

Cuando hablamos de democratizar la tecnología, solemos pensar únicamente en el precio. Es una parte fundamental, pero no la única. Una tecnología se democratiza de verdad cuando cumple tres condiciones: está al alcance del bolsillo de la mayoría, resuelve problemas reales del día a día y se puede usar sin necesidad de ser un experto.

En realme entendemos la inteligencia artificial como una capacidad de marca, no como el atributo de un solo modelo. Por eso desarrollamos herramientas pensadas para resolver necesidades concretas, y dos de ellas muestran bien que esta promesa ya es una realidad.

La primera es AI Eraser. Pensemos en una emprendedora que vende por redes sociales ya no tiene que repetir la foto de su producto porque algo se coló en el fondo: basta con señalar para que la IA lo borre en segundos y la imagen quede lista para publicar. La segunda es el modo de ahorro de energía con IA, que aprende del uso del celular y ajusta su consumo para que la batería rinda durante toda la jornada. Para quien trabaja con mapas, llamadas y aplicaciones activas desde la mañana hasta la noche, eso no es un detalle técnico: es la diferencia entre terminar el turno o quedarse desconectado a mitad de camino.

El realme C100 es la mejor muestra de cómo llevamos estas herramientas a más personas. Es un equipo al alcance de todos los bolsillos, con un precio de lanzamiento por debajo del umbral del IVA, pensado para los trabajadores del día y para quienes buscan un campeón como su primer celular. Su propuesta es que cualquiera pueda acceder a la inteligencia artificial de una manera sencilla e intuitiva, sin configuraciones complejas ni curvas de aprendizaje.

Esa es la verdadera señal de que algo cambió: la IA dejó de ser un atributo de exclusividad para convertirse en una herramienta de productividad cotidiana.

Durante mucho tiempo, la tecnología avanzada vino acompañada de una barrera silenciosa: la complejidad. Menús difíciles, aplicaciones especializadas y curvas de aprendizaje que dejaban por fuera a quienes no tenían el tiempo o la familiaridad para dominarlas.

La inteligencia artificial está rompiendo esa barrera, y pocos lo notan tanto como los jóvenes que aman la fotografía y crean contenido. Con la Serie realme 16, AI Edit Genie permite editar una foto con un simple comando de voz, y AI Popout hace que el protagonista “salga” de la imagen para crear collages listos para redes sociales en segundos. La IA se encarga de lo técnico para que el usuario se concentre en su creatividad.

Y como para esta generación el gaming también es expresión y comunidad, herramientas como GT Boost optimizan el rendimiento durante las partidas para una experiencia más estable y fluida.

Ese es, quizás, el aspecto más poderoso de esta transformación: la IA no le pide al usuario que se adapte a la tecnología; es la tecnología la que se adapta al usuario. Y cuando eso ocurre, la puerta se abre para millones de personas que antes se sentían por fuera de la conversación.

Hay una dimensión de la democratización de la que se habla poco: el tiempo. Para la mayoría de las familias colombianas, un celular no es una compra que se repite cada año. Es una inversión que debe rendir durante mucho tiempo.

Aquí la inteligencia artificial también juega un papel clave, aunque menos visible: trabaja en segundo plano para optimizar el rendimiento, gestionar la batería y mantener la fluidez del sistema con el tiempo. En el realme C100, por ejemplo, ayuda a conservar una experiencia fluida hasta por 48 meses. Así, la inversión vale la pena y se traduce en una satisfacción visible para el usuario.

Esa también es una forma de democratizar la tecnología: usar la IA para mejorar la experiencia completa y llevar siempre lo mejor a nuestros usuarios, desde un los dispositivos de entrada hasta nuestros equipos insignia. Es una promesa de realme, no un beneficio reservado para unos pocos.

Que la IA esté al alcance de más personas es una gran noticia, pero también trae una responsabilidad compartida: democratizar el acceso no basta si no democratizamos también el conocimiento para usarla con criterio. Ahí, las marcas de tecnología tenemos un rol que va más allá de lanzar productos: explicar, acompañar y escuchar a los usuarios, especialmente a los más jóvenes, que son quienes definirán cómo la usaremos en los próximos años.

Por mucho tiempo nos preguntamos cuándo llegaría la inteligencia artificial a la vida de las personas. Ya llegó, y lo hizo de la forma más democrática posible: a través del dispositivo que casi todos llevamos con nosotros. Ahora el reto es que cada colombiano, sin importar su presupuesto o su experiencia con la tecnología, pueda aprovecharla para trabajar mejor, aprender más y expresar quién es. En realme lo resumimos en una idea sencilla: make it real.

La democratización de la inteligencia artificial ya comenzó. Y está ocurriendo, literalmente, en la palma de nuestras manos.

También le puede interesar: ¡Criterio, se trata del criterio! el futuro del mercadeo no cabe en un prompt

TAGS